Las autoridades impositivas han frecuentemente intentado caracterizar a las cuentas bancarias offshore y asociarlas con evasión de impuestos, lavado de dinero, o emprendimientos criminales o más recientemente terrorismo. Norteamericanos, por ejemplo, deben declarar cualquier
cuenta bancaria offshore, incluyendo una
cuenta bancaria numerada, durante la declaración anual de impuestos. Las autoridades impositivas de los Estados Unidos y el Servicio de Hacienda, estiman que el año pasado perdieron $40B en recolección de impuestos debido a la existencia de cuentas bancarias offshore y centros financieros offshore.
La mayoría de los bancos offshore no reportan ingresos a las autoridades respectivas de sus clientes. En países con fuertes leyes de secreto bancario no están obligados a hacerlo.
El problema es que, desde el 11 de setiembre del 2001 muchas autoridades impositivas han aprovechado la oportunidad durante la crisis para intensificar el escrutinio de cuentas bancarias offshore, bancos offshore y centros financieros offshore. Dichas jurisdicciones e instituciones que eran las más susceptibles a presiones políticas y económicas por parte de los Estados Unidos han cesado de respetar sus leyes de secreto bancario y han cesado de ser centros financieros offshore efectivos.